DISEÑADORES EMERGENTES Y RECONOCIDOS
La semana de la moda de la alta costura volvió a París tras un 2009 nefasto, pero los clientes han vuelto en 2010. Esta cita se ha convertido en un campo de pruebas para diseñadores emergentes, que pretenden hacerse notar aquí, como John Galliano, que impactó a los allí presentes con un desfile atípico enmarcado en el mundo floral. Estas propuestas chocan con la demostración de poderío de Dior, que empezaba con una carpa transparente en los jardines del museo Rodin intensamente perfumada. La fijación de Christian Dior por las flores era el punto de partida de la colección. El jardín de su niñez, en Granville, obsesionó a Dior hasta el día de su muerte. Entre otras cosas, fue uno de sus pocos puntos de encuentro con una madre no siempre cariñosa. A partir de su línea Tulipe, de 1953, John Galliano creó su propio vergel. "He dejado volar mi imaginación infantil", explicaba el diseñador británico. "Soy un jardinero fiel a las mujeres, que hace florecer algunas de las semillas que el señor Dior plantó en los años cincuenta".
Su colección íntegramente formada por vestidos, faldas y abrigos empezaba con piezas pegadas al cuerpo y se abría hasta estallar en trajes exultantemente florecidos. Cascadas de tafetán pintadas a mano y de sutil sugerencia sexual. La progresión se acompañaba de un colorido fabuloso y se sostenía en patrones inspirados por las estructuras florales. Más allá de su belleza plástica, la colección tenía una gran virtud. Esquivaba con brío los peligros de un romanticismo excesivo. Poseía el encanto de la flor fuerte y resistente, bella ante la adversidad, pero sin caer en la tentación de la mujer florero.